Albergues transitorios in Argentina, unos hoteles peculiares

Albergues transitorios in Argentina, unos hoteles peculiares

Un albergue transitorio, a veces llamado motel, o telo en lunfardo, alquila sus habitaciones por hora para amores clandestinos o sin techo.

Ojo, no confundir los “albergues transitorios” con albergues a secas, o con hoteles. Quedaría sorprendido por la decoración o por lo menos por la vocecita anunciándole que las dos horas han pasado… Un albergue transitorio, a veces llamado motel, o telo en lunfardo, es un establecimiento hotelero que alquila sus habitaciones por hora a fulano o fulana de tal. Entonces tampoco es un hotel de citas, por lo menos en teoría.

En la ciudad, se localizan generalmente por sus luces rosadas y la ausencia de hall de recepción dando a la calle. De hecho, los clientes prefieren entrar y salir discretamente, eligen un albergue afuera de su barrio: se trata de no cruzarse con el vecino o… con su mujer al salir de un albergue, ya que éste cubre a menudo los amores clandestinos. Pero no únicamente: los jóvenes enamorados que todavía no tienen un departamento propio encuentran el los telos un lugar donde satisfacer sus pasiones. También vienen las viejas parejas careciendo de novedad que hacen una vuelta nocturna en un lindo motel.

Habitación en un telo
																  															  

¿Cómo funciona? Al llegar, se pide un turno, a menudo de 2 h, a veces 3 h, pero también 1h30, sobre todo en las horas pico (viernes y sábado por la noche). Los precios son muy variables en función de la calidad del establecimiento, de los servicios, de la ubicación. Hay que contar un mínimo de 40 pesos. A partir de medianoche o más tarde el fin de semana, se puede quedar durante toda la noche. Un poco antes del límite de la hora, alguien le avisa.

¿Qué se encuentra? Una cama, un baño y un lector DVD, es el servicio mínimo. Pero se puede encontrar más exótico, en particular en los grandes albergues en las afueras de las ciudades, fácilmente distinguibles por sus grandes carteles con colores de Eros. Por ejemplo: una inmensa cama redonda, una cama vibradora o un colchón acuático. Accesorios eróticos (butaca sobre todo).

En el baño: “bañera romana” y “ducha escocesa”, sauna, hidromasaje, etc. Obviamente luces tamizadas, música de ambiente, DVD porno, espejos, preservativos (obligatorio). Unas decoraciones temáticas en los más lujosos: egipcia, caribeña, tango…Estos albergues, con gustos discutibles, se llaman Osiris, Tabú, El Paraiso, Eros, Discret, Deseos, etc. En realidad, hasta existen clientes que los detestan: “Son muy fríos, uno no tiene sus cosas, su música, su ambientación”, cuenta un acostumbrado, a pesar suyo.

Hasta 1997, sólo se admitían en los moteles las parejas mayores de sexo diferente. Desde entonces y desde un punto de vista legal, las parejas homosexuales están aceptadas. Contrariamente a los hoteles, los moteles no registran la identidad de los clientes y tienen la interdicción de hacer esperar a que se libere una habitación. Igualmente, no pueden aceptar que más de dos personas entren en una habitación. Buenos Aires cuenta con unos 200 albergues y 5.000 habitaciones, clasificadas en cuatro categorías, según la comodidad y los servicios. La ley prohíbe abrir un albergue transitorio a menos de 100 metros de una escuela o de un lugar de culto.

La creación de estos hoteles particulares remite a 1937, cuando el gobierno decide cerrar las puterías, y autoriza la apertura de las posadas. En 1962, cambio de nombre: se habla ahora de “servicios de hotel con alojamiento por hora”, y hoy todavía un “alojamiento” se refiere al albergue transitorio, cuyo nombre se inventó oficialmente en 1978. Durante todos estos años, las posadas y alojamientos ofrecían un servicio básico de habitaciones y recepcionistas discretos, su frecuentación siendo mal vista en la sociedad. Desde entonces, los albergues se banalizaron, son solventes y se han convertidos en una institución.