Los paseadores de perros en Buenos Aires

Los paseadores de perros en Buenos Aires, una tradición urbana

Un trabajo como otro, deambula con su jauría en un barrio, recogiendo uno a uno los perros directamente a su domicilio.

Me acuerdo todavía de mi sorpresa la primera vez que vi en la calle una jauría de perros (una buena quincena) todos llevados atados por un solo hombre que sin embargo no parecía ser desbordado por la situación y que caminaba con un paso rápido en la acera. Ocurrió durante mi primer viaje en Buenos Aires. Creí entonces haberme topado con un excéntrico pero mi sorpresa sólo pudo aumentar cuando cruzaba a un segundo algunos minutos más tarde. En realidad, se trataba de lo que llaman acá un paseador de perros.

Un trabajo como otro, de la mañana al fin de la tarde, deambula con su jauría en un barrio, recogiendo uno a uno los perros directamente a su domicilio. Timbrando al interfono abajo del edificio para avisarle a la “dueña” de su llegada. Ésta baja enseguida al perro atado, lo entrega al paseador que lo agarra con un gesto determinado, hábil, hasta quisiera decir “con un gesto profesional”.

Paseadora de perros en el microcentro de Buenos-Aires
																  															  

Ahí se le ve, atando la nueva corrida a una especie de mosquetón fijado a su cinturón. La corrida se une a una buena decena de otras, todas ya completadas en su extremidad por un alegre animal a cuatro patas olfateando al recién llegado. Todo el grupo vuelve a partir hasta otro edificio, donde ocurrirá el mismo ceremonial. Cuando los efectivos (una buena quincena en total) sean completos, el paseador los llevará a una plaza especialmente acomodada para los perros donde podrán correr, conocerse, o dormitar bajo un árbol.

Lo increíble, es ver todos estos perros en la acera trotando al lado uno del otro en un silencio total, ninguno ladra, ninguno tira de su corrida. Como si se tratara de un batallón caminando al paso y conociendo el reglamento, ya que éste instituido por el paseador no permite ningún descanso por parte de sus “hombres”. Nada de pelea entre ellos, mismo ritmo de desplazamiento, y luego, por supuesto, respeto hacia aquel que tiene unas ganas apremiantes y que hace en el arroyo mientras que todos los demás miran al aire y con pacientes, esperando el momento de volver a caminar. Una especie de micro cultura donde el paseador “gran jefe” tiene derecho a acariciar o a tirar secamente de una corrida, cosa de mostrar que la anarquía no tiene el derecho de ciudadanía en su “mundo”.

Cada paseador tiene su especialidad en término de tamaño canino, los hay que pasean a los pequeños, otros a los medianos, y los que se encargan de los grandes. No verán a menudo a unos bassets en el mismo grupo que pastores daneses. Y no crean que sólo existe el paseador, hay también la paseadora (sí, sí, las hay también, pero minoritarias en la familia de los acompañadores de cánidos) que se encarga en general de los “pequeños tamaños”.

En lo cotidiano del perro que hay que salir, hay dos turnos, o pertenece al turno de la mañana, o al turno de la tarde, ya que el perro no sale todo el día sino unas 4 a 5 h. Hará su “caminata” del lunes al viernes, algunos paseadores trabajan también el sábado pero es muy raro, el domingo siendo obviamente el día del descanso, entonces el día más odiado por los cánidos porteños. Algunos se encargan también de lavarlos, o hasta guardarlos algunos días. En resumen, toda una serie de servicios se ha desarrollado alrededor.

Paseadores de perros argentinos
																  															  

Un decreto publicado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el 28 de noviembre de 2001 (día mismo del comienzo de la crisis del 2001) DECRETO Nº 1.972/001, trata de formalizar no tanto la profesión sino por lo menos los buenos usos del paseador. El artículo 1, párrafo 4, estipula que se prohíbe pasear a más de 8 animales a la vez, pero todos se hacen los sordos y desde algunos tiempos son los paseadores y los policías federales que juegan al gato y al ratón para el gran placer de los perros, ya que multan a los buenos tipos.