Psicoanálisis en Argentina, el país del diván

Psicoanálisis en Argentina, el país del diván

Un psicólogo por 650 habitantes en Argentina, es decir más de tres veces más que en los países de Europa, y récord mundial.

Un psicólogo por 650 habitantes en Argentina, es decir más de tres veces más que en los países de Europa, y récord mundial. En cuanto a Buenos Aires, cuenta con un psicólogo para cada 120 habitantes (según una encuesta de referencia del psicólogo y docente Modesto Alonso), lo que la convierte en la ciudad más adepta al diván con Nueva York.

El entusiasmo por el psicoanálisis se explica a menudo, como muchos otros temas, por la fuerte inmigración que pobló al país, por sus dudas existenciales, su nostalgia de una Europa abandonada a menudo para siempre, por su búsqueda de una identidad. “Se dice que el porteño es un italiano desterrado que habla español, se comporta como un Francés y quisiera ser inglés, no es sorprendente pues que sea lleno de néurosis” dijo el escritor Mempo Giardinelli. En realidad, es toda la historia de la Argentina en el siglo XX que ha constituido un terreno favorable a esta nueva disciplina.

																  															  

En los años 1920, cuando se traduce la obra de Freud al español, el país está en plena expansión, decididamente dirigida hacia las vanguardias europeas, y los intelectuales (mucho más que los científicos) se interesan naturalmente a la revolución llevada por el padre del psicoanálisis. En las decenas siguientes, psicoanalistas formados en Europa se instalan en Argentina, huyendo de la Guerra de España y luego de la Segunda Guerra Mundial: el español Angel Garma, que introduce el psicoanálisis como práctica terapéutica en Argentina, la austriaca Marie Langer, el franco-suizo Enrique Pichon-Hardov y Arnaldo Rascovsky. Son con Celes Cárcamo y Guillermo Hardov los fundadores de la Asociación psicoanalítica internacional fundada por Freud.

El psicoanálisis se desarrolla verdaderamente en la clase media en los años 1960, decena de eclosión de los movimientos militantes, de los golpes de estado militares post-peronistas, de los cambios culturales y sociales profundos, de interrogaciones sobre el lugar de la mujer, etc. El ámbito del psicoanálisis sigue de cerca los cambios traídos por Jacques Lacan y las cisiones en las instancias internacionales. Sin embargo, dese algunos años, el psicoanálisis clásica está en decadencia, ya que mucha gente ya no puede ofrecerse tres o cuatro sesiones muy caras por semana, y a tendencia es a la búsqueda de terapias rápidas.

Los argentinos hablan muy naturalmente de su terapeuta, no es un tabú y esta larga introspección colectiva ha dejado su huella en el vocabulario cotidiano. Las palabras inconsciente, acto fallido, proyección forman parte del vocabulario corriente. El adjetivo histérico se usa frecuentemente por los porteños para calificar a su ciudad.

																  															  

La palma se la lleva sin duda la palabra “autoestima”, la estima de sí mismo tan destrozada por la recién crisis. Una palabra que hasta estaba en medio del discurso de la futura presidente de la República, Cristina Kirchner, durante su campaña, cuando prometía devolverles a sus compatriotas su “autoestima”. En cuanto a Villa Freud, es un barrio de Palermo, así llamado por su concentración de consultorios de psicoanalistas. También el título de un tango, este monumento de la cultura argentina que, más que cualquier otro, sabe explorar las almas heridas.