Antoine de Saint-Exupéry, la novela de la Aeroposta

Antoine de Saint-Exupéry, la novela de la Aeroposta

Traducida a más de 180 idiomas, incluso al de los Tobas del norte de la Argentina, un éxito excepcional desde hace unos sesenta años…

Traducida a más de 180 idiomas, incluso al de los Tobas del norte de la Argentina, un éxito excepcional desde hace unos sesenta años… El Principito, The Little Prince, le Petit Prince. Antoine de Saint-Exupéry escribió y publicó su obra más importante en plena guerra mundial, cuando se encontraba exiliado en los Estados Unidos. Un cuento filosófico para adultos y niños inspirado en su vida como piloto y escritor, en sus reflexiones acerca de la condición humana, el resultado de una vida fuera de lo común.

																	  																  

Nacimiento de dos pasiones

Antoine de Saint-Exupéry nació en 1900 en Lyon, en una familia de la nobleza francesa. Perdió a su padre a la edad de 4 años, y su madre, Marie, se encontró sola para criar a cinco niños. Pasó su niñez entre los castillos de la familia de Saint-Maurice, en Ain y La Môle, en la región de Var. Su infancia no conoció preocupaciones, llena de juegos y risas, influenciada por la dulzura y los gustos que su madre tenía por la pintura, la música y la literatura. Antoine desarrolló desde muy joven el gusto por la poesía, que ya escribía desde los 6 años de edad.

En 1909, la familia Saint-Exupéry se instaló en la región de Le Mans, lugar de origen de su padre, y Antoine ingresó en el colegio de los jesuitas. Era la época de los comienzos de la aviación y a Antoine ya le fascinaban los intentos de los hermanos Wright. Durante el transcurso de las vacaciones de 1912 en Saint-Maurice-de-Rémens, frecuentó con asiduidad el terreno de aviación cercano y convenció al piloto Gabriel Salvez de que su madre lo había autorizado a realizar su bautismo de vuelo. El piloto aceptó. A la edad de 12 años, las dos pasiones de Antoine de Saint-Exupéry se habían forjado: la escritura y la aviación.

Cuando en 1921 fue llamado a las filas, Saint-Exupéry eligió, por supuesto, un arma nacida recientemente: la aeronáutica. Primero estuvo cerca de Estrasburgo, luego en Marruecos. Obtuvo su diploma de piloto militar. En 1926, lo contrató un pionero de la ingeniería: Pierre Latécoère. El que tuvo la idea de crear una línea aérea postal entre Francia y sus colonias africanas, el precursor de la Aeroposta.

En el aeródromo de Toulouse-Montaudran, conoció a Daurat, Mermoz, Guillaumet. Su permanencia durante un año en el Cabo Juby como jefe de explotación en las puertas del desierto, donde debió poner a prueba sus dotes diplomáticas para negociar con las tribus moras, le sirvió de inspiración para Correo del Sur. Una historia de amor entre Bernis y Geneviève basada en sus propios desengaños amorosos que le permitió al aviador comenzar a hacerse un nombre como escritor.

Una historia argentina

En 1929, fue designado en Buenos Aires, donde se reunió con Didier Daurat, Vicente Almandos Almonacid, Henri Guillaumet, Jean Mermoz en los despachos de la Aeroposta de la calle Reconquista. Inauguró la nueva línea hasta Comodoro Rivadavia y luego hasta Río Gallegos. A Saint-Exupéry, que se alojaba en un piso del edificio Güemes, de la calle Florida, no le gustaba Buenos Aires. Extrañaba con nostalgia a su madre, a quien siempre le escribía largas cartas, añoraba Francia, París y a sus amigos.

En Buenos Aires, sin embargo, llevó un buen ritmo y encontró el amor de una joven viuda extravagante: Consuelo Gómez Carrillo, con quien contrajo matrimonio en Francia, en 1931.

La Argentina, sin embargo, fue el terreno de una de las más bellas hojas que recreó la Aeroposta, aquéllas que forjaron sólidas amistades y recuerdos de heroísmo. El frío y los vientos escalofriantes de Patagonia eran temibles adversarios para los pilotos que realizaban los vuelos de transportes de correo semanal, sin mencionar los vuelos nocturnos. Saint-Exupéry, relató estas proezas en Tierra de hombres y Vuelo nocturno, su segunda novela, ganadora del premio Fémina en 1931.

Vuelo nocturno es el homenaje al valor y al talento de estos pilotos como también una oda a la noche y a la inmensidad de la Patagonia: “La meta, tal vez, no justifique nada, pero la acción libera de la muerte.” Es el libro que lo consagró como escritor, al tiempo que la Aeroposta enfrentaba importantes dificultades y lo relegaba a ocupar puestos mucho más modestos en Toulouse y África.

Europa trastornada

Saint-Exupéry también escribió bellos reportajes para los periódicos, en la Unión soviética o en España en tiempos de guerra civil. Tierra de hombres se publicó en 1938, en homenaje a Guillaumet, salvado por milagro luego de sufrir un accidente aéreo en la región de Mendoza – “No es el peligro el que me gusta. Sé qué es lo que me gusta. La vida.”

Movilizado a principios de la guerra, hasta el armisticio y la ocupación alemana, Saint-Exupéry luego eligió ir hacia los Estados Unidos a fines de 1940. En Piloto de guerra narró la debacle: “El oficio de testigo siempre me horrorizó. ¿Qué soy yo si no participo? Necesito participar para ser.”

Durante el verano de 1942, comenzó a escribir su obra más importante: El Principito. Al término de la guerra, a pesar de su avanzada edad como piloto, volvió al servicio de las fuerzas aliadas, realizando misiones de reconocimiento fotográfico. El 31 de julio de 1944, Antoine de Saint-Exupéry despegó de la base cerca de Bastia hacia una misión cerca de Grenoble. Nunca más volvió.