Época colonial y primeros inmigrantes 

Época colonial y primeros inmigrantes

Si la colonia española se mantuvo poco poblada, la Argentina recurrió a la idea de la inmigración.

Inmigrantes en el barrio de la Boca, Buenos Aires
																															

“Los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos… del barco”. Este chiste argentino permite mostrar, en resumen, la particularidad del asentamiento y de la identidad de la Argentina en la región. Citando también al escritor Octavio Paz: “Los argentinos son italianos que hablan español y que se creen franceses.” Argentina, más que ningún otro país en el mundo, ha recibido una gran cantidad de inmigrantes en relación a su población.

Este dato es primordial al tratar el tema de la identidad argentina de hoy día. En Buenos Aires, es sumamente raro encontrar un habitante cuyos antepasados sean originarios de un mismo y único lugar.
La Fiesta Nacional del Inmigrante tiene lugar anualmente en septiembre en Oberá, en la provincia de Misiones, y el 4 de septiembre es el día del inmigrante.
Regresemos a la época colonial, cuando la Argentina todavía no existía como país. Cuatro grupos de poblaciones coexistían: los españoles, los criollos, los indios y los negros. No eran muy numerosos y el territorio era inmenso.

 

La resistencia de los pueblos indígenas

El 9 de julio de 1816, la declaración de la independencia marcó el fin del Virreinato del Río de la Plata y el nacimiento de la Argentina, un Estado y una Nación, comenzaba a crearse. El general Belgrano propuso una monarquía y la coronación de un descendiente del imperio Inca, que sólo tendría una función honorífica, pero a su vez este hecho marcaría la diferencia entre el nuevo país y la Corona española. La idea no llegó a concretarse. La guerra de liberación continuó. San Martín creó el Ejército de los Andes cuya infantería estaba compuesta en su mitad de esclavos negros.
Buscó crear una alianza con las poblaciones indígenas, a los que consideraba “compatriotas”.
Una vez lograda la independencia en Argentina, la situación era la de un inmenso territorio poco poblado. La Patagonia (Tehuelches, Mapuches), el Chaco (Guaraníes) y una parte de la pampa eran los territorios libres donde habitaban los indígenas, prácticamente sin contacto con el ordenamiento político-administrativo “occidental”. En aquella época e incluso con ciertas fricciones, se logró, en cierta medida, la cohabitación de las sociedades criolla e indígena. Problema: hacia 1820 comenzó a desarrollarse y expandir la ganadería, la necesidad de las tierras empezó a dejarse sentir.

Murales, La Boca
																  															  

Algunos caciques se aliaron al poder blanco, otros se negaron. En 1833, el general Rosas, el ex gobernador y poderoso terrateniente, dirigió una campaña para conquistar las tierras que no pudieron ser dominadas por el poder central. Saldo: 3.200 indios muertos, 1.200 tomados prisioneros. Roca llevó a cabo una nueva “campaña o conquista del desierto” de 1879 a 1885. Tuvo como saldo la muerte de miles de víctimas y el sometimiento definitivo de las comunidades indígenas.
Los millones de hectáreas conquistadas, destinadas a las colonias europeas que llegaban masivamente, terminaron en manos de algunos propietarios, a cambio de sumas insignificantes. Argentina logró insertarse en la economía internacional como país agro exportador. Los sobrevivientes fueron empleados como mano de obra barata, las familias fueron separadas y los caciques y la cultura oral, destruidos. De acuerdo con un censo realizado en 2001, unos 400.000 argentinos serían indígenas, es decir el 1% de la población. Según otros análisis, los descendientes de indígenas serían mucho más numerosos, representando cerca del 15% de la población.

La esclavitud en Argentina

Los primeros esclavos negros llegaron en 1587, poco tiempo después de la segunda fundación de Buenos Aires. La mayoría continuaba viaje por el amplio territorio del virreinato, algunos se quedaban en el puerto a realizar trabajos domésticos. A principios del siglo XIX, cuando la Argentina estaba naciendo, uno de cada tres habitantes era negro, mientras que hoy en día, esta comunidad pertenece a la gran minoría.

Sucedió que durante las guerras de la independencia, se enrolaron muchos esclavos en el ejército de liberación y muchas familias prefirieron enviar a los frentes a sus esclavos en lugar de enviar a sus hijos. Luego tuvieron lugar las guerras civiles y la guerra contra Paraguay (1865-1870) durante las cuales, la población negra, terminó siendo prácticamente diezmada. El tráfico de negros se prohibió en 1837 y se abolió la esclavitud en 1853.

																  															  

Argentina, a diferencia de Uruguay y Brasil, ha perdido mucho de su cultura negra, a gran excepción de la música: el candombe, el folklore, con influencia de ritmos africanos, como el tango. Al preguntar hoy en día qué ha pasado con los descendientes de los africanos, se obtiene siempre la misma respuesta: “En Argentina no hay negros.”

Sin embargo, distintos estudios calculan que alrededor del 5% de la población es descendiente de africanos, esclavos o inmigrantes de Cabo Verde que llegaron en el siglo XX para trabajar en la pesca; otros estudios estiman que sólo representa poco menos del 3%. La voluntad de los gobiernos, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, era claramente la de poblar con inmigrantes este inmenso país con trabajadores y campesinos europeos, las identidades de Argentina terminaron siendo, lisa y llanamente negadas por el inconsciente colectivo.

La inmigración para construir y poblar el país

En la segunda mitad del siglo XIX, los jefes de estado comenzaron a querer poblar el territorio convocando a los trabajadores europeos. La idea era clara: “blanquear” el país e importar el progreso con aquellos que se suponía, eran sus mejores representantes. El proyecto del país se traducía en la Constitución de 1853, la que estipula que la Argentina asegura los beneficios de la libertad para “todos los hombres que quieran habitar en el suelo argentino”, precisando no obstante, que el gobierno deberá incentivar la inmigración europea, preferentemente del Norte de Europa.

Así fue como llegaron cientos de miles de inmigrantes al puerto de Buenos Aires por pedido del gobierno, que enviaba “ganchos” o “reclutadores” a las regiones más pobres de Europa con el fin de hacer propaganda presentando a la Argentina como un nuevo edén, también por pedido de la empresas. La mayoría de las colonias agrícolas se encontraban ubicadas en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires.

Barco del Presidente Sarmiento
																  															  

Durante el período más importante de inmigración, de 1857 a 1940, se estima que más de 6,6 millones de inmigrantes llegaron a Argentina: 2.970.00 italianos (44,9%), 2.080.000 españoles (31,5%), 239.00 franceses (3,6%), 180.000 polacos (2,7%), 177.000 “rusos” (en su mayoría judíos), 174.000 “turcos” (2,6%), 152.000 alemanes, 111.000 austro-húngaros, 75.000 británicos (1,1%). No todos se quedaban en Argentina, algunos volvían a sus hogares, otros, continuaban viaje hacia otros países.
En 1869, Argentina contaba con unos 212.000 extranjeros, el 12% de la población, en su mayoría hombres y muchos sin cualificación, que trabajaban en el sector de la agricultura, en fábricas y comercios. En 1914, el tercio de la población era extranjera, todo un récord. Todos estos inmigrantes llegaban a la Argentina en búsqueda de una mejor vida: obreros agrícolas que se vieron privados de trabajo debido a la revolución industrial, hijos menores de familias numerosas; otros tenían en su haber alguna pericia y pequeño capital que querían hacer valer en un país con un futuro más prometedor; otros todavía huían de persecuciones, especialmente las religiosas (judíos, armenios), y de las guerras (la emigración continuó hasta después de la Segunda Guerra Mundial), etc.

Esta amalgama modificó notablemente la sociedad argentina en las regiones donde había gran cantidad de inmigrantes, como Buenos Aires, y no sin dificultades pudo lograrse la integración de todos ellos.