Los italianos, la comunidad extranjera mayoritaria 

Los italianos, la comunidad extranjera mayoritaria

Los millones de inmigrantes italianos influenciaron especialmente la cocina y el acento argentino.

Familia italiana en Argentina
																															

En Buenos Aires no existe un barrio como el Little Italy de Nueva York. Las raíces italianas son fuertes, la influencia cultural, enorme, pero completamente integrada: todos los porteños comen la pasta, beben café fuerte y hablan español con esa melodía italiana tan característica del acento local.

La inmigración procedente de Italia fue notable: cerca de tres millones de personas de 1857 a 1940, o sea el 45% del total de los extranjeros que llegaron a Argentina para instalarse. En 1895, más del 12% de la población era italiana, y se los llamaba tanos (de napolitanos). Hoy, de 15 a 20 millones de argentinos tienen algún antepasado italiano, o sea casi la mitad de la población, muchos más en las cercanías de Buenos Aires. Esta inmigración duró hasta la Segunda Guerra Mundial.

Inmigrantes italianos, Estancia Constancia
																  															  

Sin embargo, ningún argentino habla italiano. De hecho, muchos inmigrantes hablaban más el dialecto de sus regiones de origen (Piamonte o Lombardía, Sicilia o Calabria), que el idioma de Dante. Como ocurrió frecuentemente con los inmigrantes pobres de principio del siglo XX, más que reivindicar sus particularismos querían integrarse asimilando el idioma y la cultura locales.

De esta manera, en la tercera generación, incluso desde la segunda, ya no se hablaba italiano, así como tampoco hablaban francés los inmigrantes del hexágono. Los matrimonios intracomunitarios también mezclaron los orígenes y cuando los abuelos eran de dos a cuatro países distintos, con idiomas diferentes, lo más simple era hablar en el idioma del país de residencia: el español. Algunas palabras han integrado el vocabulario español de Argentina, pero fue el acento italiano el que ha dejado realmente su impronta. En gastronomía: la pizza, la polenta, las pastas y más recientemente los helados, integran la herencia italiana.

																															

Los primeros inmigrantes eran pobres, se los empleaba como jornaleros en las granjas. Trataban de gastar lo menos posible para poder ahorrar y hacer venir luego a sus familias, o volver a partir. Las primeras colonias agrícolas se instalaron en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Chaco donde una comunidad de Frioul participó de la fundación de Resistencia, hoy capital de la provincia.

En la ciudad, compartían las habitaciones comunes en grandes casas: los conventillos, como en La Boca. Este barrio del puerto de Buenos Aires, primeramente reservado a los esclavos, fue luego modificado completamente por los inmigrantes italianos, mayormente genoveses que se instalaron a fines del siglo XIX y construyeron sus casas con chapas, a veces sobre pilotes y pintadas con los restos de la pintura de los barcos. Un barrio pobre hecho de cualquier modo, que hoy día constituye uno de los barrios más pintorescos de la capital argentina. Era un mundo de proletarios: encargados de manipular las cargas, estibadores…

Cultura italiana en Argentina
																  															  

En 1882, luego de un conflicto social y una huelga, un grupo de genoveses hasta decidió crear la República independiente de La Boca! Acontecimiento que sólo duraría el tiempo de izar los colores de Italia… Los italianos, fueron los que importaron también el anarquismo, movimiento político relativamente importante hasta los años 1930 en Argentina.

El presidente Sarmiento, uno de los creadores de la política migratoria, fue uno de los grandes reformadores del sistema educativo en Argentina. La primera ley de educación universal, obligatoria, gratuita y laica tan sólo data de 1884. Su idea era integrar a todos esos inmigrantes a través de la escuela, cuya función era forjar una identidad nacional. De esta manera, los hijos de inmigrantes analfabetos tuvieron la posibilidad de aprender a leer y a escribir, de cualificarse. La segunda generación, particularmente en zona urbana, pudo realizar todo tipo de oficio. Los italianos rápidamente perdieron sus especificidades sociales y lingüísticas para poder mezclarse en el crisol argentino.