La historia del tango, patrimonio argentino

La historia del tango, patrimonio argentino

El tango, como género musical, nació a fines del siglo XIX en una Buenos Aires en pleno crecimiento, que recibía barcos llenos de inmigrantes europeos.

El nacimiento : de los burdeles de Buenos Aires a los hermosos salones de Paris

El tango, como género musical, nació a fines del siglo XIX en una Buenos Aires en pleno crecimiento, que recibía barcos llenos de inmigrantes europeos. En aquella época, se tocaba la habanera, de origen cubano que surgió a partir de la contradanza europea, también la guajira, tango flamenco, o el fandango…

Los descendientes de esclavos africanos conservaron sus ritmos de tambor en el candombe. El arraigo a este nuevo país, Argentina, dio lugar a una fusión musical engendrando primeramente la milonga, de ritmo ágil, luego el tango. Estos tambores, flautas y guitarras serían luego reemplazados por el piano, el violín y el bandoneón: los tres instrumentos básicos del tango. Su ritmo es conocido como el 2×4, aunque a veces sea tocado en 4×8.

Anibal Troilo
																  															  

La partida de nacimiento del tango nunca fue constatada, el género se fue estructurando poco a poco y los músicos, aficionados, poco se preocupaban por publicar las partituras. Era un arte urbano, popular, que se expresaba no sólo enBuenos Aires, sino también en Montevideo, Uruguay. El tango tenía su propio lenguaje: el lunfardo, jerga de los mafiosos que dejaría su impronta en el habla porteña.

Éste, narraba desengaños amorosos y también las realidades sociales, a menudo grave o sarcástico, el tango era para el libretista Discépolo, “un pensamiento triste que se baila”. “El tango encarna la quintaesencia del argentino. Como ningún otro género, transmite el temperamento conformado de tristeza, rabia y gracia, no obstante, éstos se encuentran contenidos dolorosamente”, escribió Saúl Yurkievich en Los poetas del tango (Gallimard).

Osvaldo Pugliese
																															

Desde el principio, la milonga y el tango encontraron su complemento natural en el baile de pareja, y curiosamente, al principio, entre hombres. Practicaban en la calle, en los conventillos – casas muy pobres donde vivían apiñados los inmigrantes -, inventaban la danza a medida que la música se iba creando. Luego iban a bailar a los prostíbulos, con las prostitutas también procedentes de Italia, España, Francia… Es por ello que en los comienzos, el tango tenía una muy mala reputación: era la música y el baile de los barrios bajos y de los truhanes.

Gardel y Sorrentino
																  															  

Las primeras partituras llegaron a Europa, especialmente a Francia, a bordo de la fragata Sarmiento en los primeros años del siglo XX. Esto causó gran frenesí. París y la Belle Epoque, estaban exaltados por el tango, e incluso la burguesía, todos quedaron prendados de esta danza que se bailaba en los brazos del otro. Y como todo lo que sucedía en París, provocaba interés en Buenos Aires, el tango adquirió, en consecuencia, su título de nobleza también en Argentina, en donde hasta aquel entonces no se lo consideraba de buen gusto.

La edad de oro: las orquestas típicas que hacen bailar

Los primeros cantantes y músicos: la “vieja guardia”, compusieron hasta los años 1920 la base del tango: El Entrerriano, de Rosendo Mendizábal (1898), La Morocha de Enrique Saborido (1905), El Choclo de Ángel Villoldo (1903), uno de los más famosos con Francisco Canaro y Roberto Firpo, que fue quien compuso el tango entre todos los tangos: La Cumparsita (1916).

Fueron ellos los que impusieron el bandoneón, que se transformó en instrumento representativo del tango. El cantante más famoso de todos los tiempos, Carlos Gardel, triunfó en los años 1920 y 1930, hasta su trágica desaparición causada por un accidente de avión en 1935.

En el barrio del Abasto
																  															  

Los tríos y cuartetos le dejaron el lugar a las orquestas típicas, que incluían bandoneón, violín, contrabajo y piano, con frecuencia eran unos diez instrumentos que acompañaban a uno o dos cantantes, modelo que Julio de Caro comenzó a poner en práctica en los años 1920. Estas Orquestas típicas tocaban para que la gente baile, en los salones de baile, cabarés y academias que se multiplicaban en Buenos Aires y el mundo entero.

Su edad de oro transcurrió en los años 1940. Fue la época de las orquestas de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Carlos di Sarli, Horacio Salgán, Osvaldo Fresedo, Alfredo de Angelis, Juan d’Arienzo. Algunos fragmentos inolvidables llevaban la firma de grandes poetas tales como: Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo… cantados por Roberto Goyeneche, Ángel Vargas o Edmundo Rivero.

Milonga en Boedo
																															

En los años 1960 y 1970, los clubes y salones cerraron uno detrás de otro. El tango comenzó a aletargarse. Las grandes orquestas de quince músicos se redujeron a tres o cuatro. Los más conocidos continuaron tocando, intentando modificar el repertorio para adaptarlo a los nuevos gustos del público, pero ya no se bailó más el tango à Buenos Aires. De los vanguardistas, Astor Piazzolla es el que llegaría más lejos.

Los arreglos de este gran bandoneonista, criticado profundamente por los “puristas”, le permitieron al tango, sin embargo, evolucionar, renovarse, sobrevivir y obtener un nuevo reconocimiento internacional del tango, como en su momento lo hizo Gardel con sus interpretaciones.