Viaje Misiones jesuitas, Argentina

Que hacer, que ver ?

Historía de los jesuitas en Argentina

La Compañía de Jesús fue fundada en 1540 por el español Ignacio de Loyola, hijo de una buena familia y convertido tardíamente. Esta orden religiosa, cuyos miembros recibían una formación intelectual y teológica de alto nivel, se ha destacado particularmente tanto por el sistema original establecido en sus misiones en Asia y en América, como por la enseñanza, con la fundación de colegios de gran calidad desde el siglo XVI.
La Orden de los Jesuitas ocupó un lugar de vital importancia en la colonia española que hoy día es la Argentina. Se implantó en Córdoba desde su fundación en 1573, donde instaló la primera universidad del país. Para financiar este importante centro religioso y educativo, los jesuitas construyeron estancias alrededor de la ciudad a principios del siglo XVII. En la misma época, se asentaron en otra región, cerca de las Cataratas del Iguazú, donde crearon misiones para evangelizar al pueblo guaraní. Tanto en Buenos Aires como en Córdoba, se le atribuyó una manzana de casas, que luego se llamaría Manzana de las luces, donde edificaron una iglesia y un colegio. Desde estos magníficos edificios ubicados en el extremo de la plaza de Mayo, se administraban las Misiones.

En 1750, España y Portugal firmaron un nuevo tratado de fronteras que implicaba el intercambio de siete misiones de Uruguay contra la fortaleza de Colonia de Sacramento, justo enfrente de Buenos Aires. Los misioneros y sus protegidos se negaron a someterse a la nueva autoridad portuguesa, quien nunca los vio con buenos ojos. El enfrentamiento contra las tropas de las dos coronas dejó numerosos muertos. En los años que siguieron, la autonomía y el poder que adquirieron los jesuitas en América del Sur y en otras regiones del mundo, se volvió contra ellos. Perdieron el apoyo en el Vaticano y en las cortes de Europa. En 1759 fueron expulsados de los territorios portugueses y en 1767 de los españoles. En 1773, el papa eliminó la Compañía, cuyos miembros se refugiaron en Rusia y en Prusia. Algunos años más tarde, en 1814 la orden finalmente se volvió a establecer.

Historía y cultura de los guaraníes

Cuando los colonizadores europeos llegaron, los Guaraníes eran un pueblo seminómade, que vivía principalmente de la caza, la pesca y las cosechas. Los grupos de lengua tupí-guaraní y karaivé-guaraní vivían en un extenso territorio de la Guyana hasta el norte de la Argentina, de Brasil al este de Bolivia. Los pueblos guaraníes se instalaron a lo largo de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay hasta las islas del Delta del Río de la Plata.
Se organizaban socialmente en familias extensas, habitando en una gran casa en común, la maloca. El cacique repartía a los jefes: las tierras y las mujeres, pues eran polígamos. Cultivaban maíz y mandioca, con los que preparaban una bebida fermentada: la chicha. Descubrieron una hierba que masticaban y preparaban en infusiones con agua: la yerba mate.

Como habitaban regiones cálidas, los Guaraníes vivían desnudos, llevaban joyas y tenían sus cuerpos pintados. Las etapas importantes de la vida – ingreso en la edad adulta, casamiento, nacimiento, muerte – eran objeto de rituales en los que se cantaba y bailaba. Los Guaraníes creían en una vida después de la muerte y buscaban alcanzar, con la ayuda de los chamanes, la Tierra sin mal. El choque cultural más grande con los europeos fue el de las prácticas antropofágicas. Este canibalismo tenía una base ritual y se practicaba esencialmente contra los enemigos Tupís.
Con la llegada de los españoles, los Guaraníes eligieron aliarse con este hombre blanco bien provisto de armas para así poder enfrentar a sus enemigos. Pero rápidamente fueron sometidos al sistema de la encomienda, obligados por la fuerza a realizar los trabajos más duros. Su pueblo se vio diezmado en parte por enfermedades hasta entonces desconocidas como la gripe, la viruela, etc. Cuando los jesuitas comenzaron a instalar sus misiones vieron allí un último recurso, un medio de escapar a la servidumbre. Luego de la expulsión de los jesuitas, algunos volvieron a vivir a la selva donde las condiciones de vida eran extremadamente difíciles; otros, trabajaron para los blancos y los criollos. El pueblo guaraní aún vive en Paraguay, al sur de Brasil, y en la provincia argentina de Misiones son alrededor de 3.000.
Fueron los jesuitas los que transcribieron el guaraní, única lengua indígena considerada idioma oficial de un país de América del Sur: Paraguay. En 2004, se lo ha reconocido como segundo idioma oficial en la provincia argentina de Corrientes, y en 2006 como idioma oficial del Mercosur, junto con el español y el portugués. Las Misiones le dieron ese nombre a la provincia donde se instalaron: Misiones.

Las Misiones Jesuíticas de los Guaraníes representan una de las iniciativas culturales más importantes de la colonización de América Latina según la Unesco, que ha declarado a siete de ellas: Patrimonio Mundial de la Humanidad, y entre ellas, cuatro se encuentran en Argentina: San Ignacio Miní, Santa Ana, Nuestra Señora de Loreto y Sana María Mayor. A lo largo de la frontera entre los Reinos de España y Portugal (actualmente fronteras de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) se han construido treinta misiones entre 1609 y 1767, año en que los jesuitas fueron expulsados de la colonia.
En 1551, tras los debates de la célebre Controversia de Valladolid, el Rey de España se acogió a la posición de la Iglesia Católica que consideraba que los hombres eran todos iguales porque todos fueron creados a imagen y semejanza de Dios y porque poseen un alma. Por esta razón, se debía dar a conocer el Evangelio a todos y especialmente a los amerindios. Esta decisión abriría el camino de las misiones evangelizadoras en los pueblos indios. Fue el principio de la decisión tomada en 1609 por la Corona de España, concediendo a la Orden de los Jesuitas el privilegio de instalarse en país guaraní. Esto explica también porqué los jesuitas habrían luchado contra el sistema colonial denominado “de encomienda”, el cual les permitía a los colonos disponer de mano de obra para la explotación de sus haciendas.
Los primeros misioneros llegaron a Buenos Aires y subieron por el Paraná a bordo de grandes balsas, atravesando la espesa y hostil selva tropical. Convencer a los guaraníes para que cambien su modo de vida y su Dios, no fue tarea fácil. Pero los jesuitas aportaron herramientas, conocimientos médicos y pronto también cosechas. Cada misión se instalaba en las cercanías de alguna fuente o río y se construía, conforme a un plan bien establecido, alrededor de una gran plaza cuadrada con una iglesia, la residencia de los padres, la escuela y las casas de los guaraníes. Los jesuitas las llamaban “reducciones”, en referencia a la palabra reducere: reagrupar. Pues ellos agruparon pueblos para sedentarizarlos, alfabetizarlos, evangelizarlos, educarlos e inculcarles el modo de vida occidental. Durante los primeros años, debido a los perseguidores de esclavos portugueses que incursionaban con regularidad por las misiones, los guaraníes se vieron obligados a trasladarse para protegerse de ellos.

Las reducciones establecidas por los jesuitas resultaron extraordinarias en más de un concepto: aun estando bajo la dirección administrativa y espiritual de los religiosos, se organizó una aparente participación indígena con la elección de un consejero. Las reducciones tenían su propia justicia, y estaba abolida la pena de muerte. La economía era comunitaria: los habitantes trabajaban medio tiempo para sus familia, y medio tiempo para la colectividad: cultivaban (maíz, algodón, yerba mate…), criaban ganado, realizaban artesanías (alfarería, herrería, talleres de tejidos, etc.). Se les proveía ayuda social a los carenciados. La educación ocupaba un lugar central y se brindaba en idioma guaraní, también se enseñaba español y latín. Por último, las artes ocupaban un lugar relevante con escuelas de música y canto. El talento musical de los guaraníes dio origen incluso a un estilo propio barroco.

El sistema de los jesuitas, basado en la educación y persuasión, teniendo en cuenta la cultura de los indios, fue totalmente vanguardista para la época, así como también muy criticado. En el siglo XVIII, las misiones ocuparon un territorio de 350.000 km² y contaron con 150.000 amerindios. Un Estado en el Estado, una realización social cristiana, una utopía que creó más adversarios que seguidores. Cuando se prohibió la Orden de los Jesuitas en 1767-1768, los guaraníes fueron expulsados de las misiones y éstas, ocupadas por los colonos. Las espléndidas iglesias esculpidas por los artesanos guaraníes fueron saqueadas, desmanteladas, hasta desaparecer en la selva.

Visitar las misiones jesuitas

Las misiones jesuitas de la provincia de Misiones se encuentran cerca de la ciudad de Posadas, en dirección a Puerto Iguazú.
De las cuatro misiones argentinas declaradas Patrimonio Mundial, Loreto fue la primera, fundada en 1610 y luego trasladada en 1631 a su sitio actual, a 53 km de Posadas.

Cada misión contaba con una biblioteca y en Loreto, los jesuitas decidieron imprimir sus libros ellos mismos, en latín y en guaraní, e instalaron la primera imprenta del país.

Fundada en 1611, San Ignacio Miní, fue trasladada dos veces hasta su ubicación actual, a 60 km de Posadas, en 1696. La misión fue bautizada con ese nombre en homenaje al fundador de la Compañía de Jesús: San Ignacio de Loyola. Es la que conservó los más bellos vestigios de una misión resplandeciente de 4.500 habitantes: la iglesia, la residencia de los padres, el colegio…

Santa María la Mayor fue fundada en 1626 y trasladada en 1633. Todavía se pueden observar las ruinas de la residencia de los padres.

Santa Ana, fundada en 1633, también fue trasladada dos veces hasta su ubicación actual a 45 km de Posadas, en 1660. La iglesia, en el medio de la selva, estaba provista de una monumental escalera con columnas de mármol.
Estas cuatro misiones se encuentran abiertas al público todos los días de 7 h a 19 h. En San Ignacio Miní, por la tarde se organiza un espectáculo de luces y sonido.

Hoteles: donde dormir?

Bus Iguazú Estancia Santa Cecilia, Candelaria : a 30 km de Posadas y a 18 km de las misiones de Santa Ana y Loreto, esta estancia aún se dedica a la ganadería. Ambiente cálido.

Bus Iguazú Estancia Las Mercedes, Eldorado : situada entre las ruinas de las Misiones y las Cataratas del Iguazú, esta estancia es una parada ideal en la provincia de Misiones. Una finca ganadera dentro de un paisaje de colinas y selva.

Transportes

Bus Iguazú Avión : Aerolíneas Argentinas asegura vuelos diarios entre Buenos Aires y Posadas.

Bus Iguazú Bus : contar 5 a 6h a Puerto Iguazú y más de 12 h a Buenos Aires.

 

Los alrededores de las misiones jesuitas

Bus Iguazú Minas de Wanda : 40 km antes de llegar a Iguazú, se encuentran las minas de Wanda, descubiertas en 1976, y hoy abiertas al público. A las orillas del río Paraná se extraen piedras semipreciosas tales como: cristal de cuarzo, topacios, ágatas, amatistas… Se pueden comprar geodas o joyas.

Bus Iguazú Cataratas del Iguazú: Esta maravilla de la naturaleza, ubicada en la frontera de Brasil y Argentina, se encuentra a unos 240 km al norte de las Misiones. Declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad y protegidas por dos parques nacionales, las Cataratas del Iguazú son imperdibles.

Bus Iguazú Saltos del Moconá  : Entre Posadas y Puerto Iguazú, las cascadas de Moconá son una auténtica curiosidad de la naturaleza: se forman a lo largo del río y no a lo ancho. Una espléndida cortina de agua de unos diez metros de alto, a lo largo de 2 km del río Uruguay. El sitio es menos impresionante que las cataratas del Iguazú pero está ubicado en la Reserva de Biósfera de Yabotí, una selva en la que se pueden realizar bellas excursiones.

Circuitos

Argentina Excepción propone algunos viajes que le permitirán admirar las ruinas de las Misiones Jesuitas:

Bus Iguazú Las Cataratas del Iguazú, los vinos y el Noroeste : un circuito completo con guía-chofer que le permitirá visitar las ruinas de San Ignacio Miní, las que mejor han sido conservadas.

Bus Iguazú Viaje Cataratas del Iguazú, Esteros del Iberá y ruinas jesuitas:  un gran circuito por el Noroeste, pasando por San Ignacio Miní. 10 días con circuito Fly & Drive alojándose en hoteles con encanto.